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Literatura

Primeras tres páginas de “Con los ojos de mi padre” (205 págs) Disponible sólo en Amazon

Arturo Alejandro Muñoz

HOLA, HIJOS…..

Posiblemente estas líneas causen en ustedes la más profunda de las decepciones si esperaban que, luego de mi muerte, algún abogado les llamase a vuestras casas para citarles a comparecer a una reunión familiar en la que se leería mi testamento.

Lo siento, muchachos.

Dejo tras de mí un sinnúmero de aventuras y experiencias, una que otra novela mediocre, un arsenal de libros y este pequeño legado que espero les sea de utilidad al menos para conocerme realmente, lo que contrastará con las versiones que otras personas les han machacado durante treinta o más años.

Al abandonar este mundo, lo único que podría causarme preocupación es que mis cinco hijos desconozcan parte de sus raíces, que son a la vez componentes de otras raigambres conformadoras de una raza, un pueblo y una familia.

Es posible que estas líneas les suenen a historia vieja –si viejo es hablar del pasado reciente- pero no he sabido encontrar otro modo de acercarme a ustedes, luego de tantos años de distanciamiento forzado.

Como un simple consejo, a guisa de proposición para evitar que estas hojas caigan al basurero, me permito recomendarles que las dejen siempre en la sala de baño….así, cuando requieran ocupar ese servicio básico, en lugar de procurar una revista o un diario que les acompañe en la función humana, lean este mamotreto y aprovechen de conocer algo más de ustedes mismos.

No me cabe duda que las próximas páginas podrían ser consideradas por ciertas personas como “morbosas e incentivadoras de violencia psicológica, plagadas de eufemismos y virulentos ataques a la normal presencia del equilibrio social”, pero estoy cierto que ustedes tendrán pensamiento y vuelo propios al momento de leer este legado paterno, ya que posiblemente serán también padres y yo…abuelo.

Lejos de mi ánimo está provocar controversias o desatar polémicas estériles. Lo que realmente me empuja a escribirles estas líneas es el irrefrenable deseo de transmitirles mi propia verdadera experiencia, sin tapujos ni alambicadas verborreas, sino sólo con la veracidad que permiten el papel, la distancia y los años, a objeto que conozcan de alguien cercano a ustedes cuál fue el auténtico recorrido y derrotero de este amado país en los últimos cincuenta años.

Reciban pues, a través de las palabras de vuestro padre, el “feed back”, la retroalimentación, el “sustento teórico”, la “base de datos” o el “cahuin certero” de todo aquello que formó parte de mi tiempo, de mi vida, de mi país y de vuestras propias semillas.

Tómenlo o déjenlo, pero al menos permítanme expresarme…ya que otros intentaron impedirlo durante treinta años.

Estas hojas demuestran fehacientemente que esas personas fracasaron.

Una vez que hayan leído estas historias –cuya autenticidad es indudable (si no lo creen, pregúntenme a mí)- y si los arrebatos de amor filial les corroen el corazón, pueden venir a platicar conmigo sin dudas ni arrepentimientos.

En la campesina, rural y hermosa comuna de Coltauco les esperaré siempre con los brazos abiertos y el alma desgajada en trozos de sentimiento y cariño.

Comienzo este relato con una frase que me enseñara un muy buen amigo y socio de mis primeros cien viajes, mi querido, leal y asertivo “gurú” en los ya perdidos años de adolescencia…..el fiel “Bayoneta”, dueño de un concepto sociológico que merece ocupar mejor lugar que esta desordenada y plana exposición de hechos.

“Dios sabe por qué hace lo que hace; el problema está en que el Hombre no quiere aceptarlo, pese a tener conciencia del divino ordenamiento del mundo que se le autorizó ocupar”.

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