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La reunión de Francisco y Biden pondrá de manifiesto su distanciamiento con los obispos estadounidenses

El papa Francisco en el Vaticano el lunes. Cada visita de un presidente estadounidense no solo ha marcado una fase distinta de su papado, sino también de la agitación política en Estados Unidos y en la Iglesia católica de ese país.Credit...Guglielmo Mangiapane/Reuters

CIUDAD DEL VATICANO — Cuando Joe Biden visite el Vaticano el 29 de octubre, se convertirá en el tercer presidente de Estados Unidos que se reunirá con Francisco desde que inició su papado en 2013. Cada mandatario ha marcado una fase distinta de su papado, pero también de la agitación política en EE. UU. y en la Iglesia católica.

Barack Obama compartía el magnetismo global de Francisco, la potencia de ser celebridades y la atención de temas como la migración, el cambio climático y los pobres. Donald Trump, cuyo cristianismo fue cuestionado por Francisco debido a sus políticas antiinmigrantes, marcó el comienzo de una era populista que contribuyó a la marginación del papa.

Ahora Biden, un católico que rara vez falta a la misa dominical, llega en un momento en el que la polarización política en Estados Unidos se ha filtrado profundamente en su Iglesia. El presidente y el papa coinciden en muchos temas, y se han convertido en blancos comunes de los poderosos obispos conservadores estadounidenses que buscan socavarlos.

Los prelados más hostiles, nombrados por los predecesores conservadores de Francisco, han ignorado o resistido los esfuerzos del papa por reorientar las prioridades de la Iglesia hacia la inclusión y la justicia social, y alejarse de los temas de la guerra cultural como el aborto y los derechos LGBTQ.

Los obispos han amplificado sus críticas hacia ambos hombres a través de una constelación de medios católicos conservadores afines a Trump. A pesar de las advertencias del Vaticano, han perseguido un esfuerzo para negar la santa comunión a los políticos católicos romanos que apoyan el derecho al aborto, incluido el presidente Biden.

Incluso desde Roma, la enemistad es difícil de pasar por alto.

“Él es consciente de la hostilidad”, dijo Antonio Spadaro, un sacerdote jesuita que es un estrecho aliado de Francisco. “Es un hecho”.

Funcionarios del Vaticano y diversos expertos en temas de la Santa Sede dijeron que dudaban que el antagonismo de los obispos estadounidenses saliera a relucir en la audiencia privada entre Francisco y Biden, y que más bien hablarán de temas como el cambio climático, la atención a los pobres y el fin de la pandemia de COVID-19. Es probable que Francisco presione a Biden para que aumente la distribución de vacunas en el mundo en desarrollo, y rara vez pierde la oportunidad de hablar contra el tráfico de armas y las consecuencias de la guerra.

Sin embargo, las facciones de izquierda y derecha analizarán la reunión en busca de cualquier pista que indique que el papa respalda políticamente al primer presidente católico estadounidense desde John F. Kennedy contra los guerreros culturales conservadores en su Iglesia.

El papa ha tenido cuidado de no dar munición política, en ningún caso, cuando se le ha preguntado sobre el tema. En cambio, ha tratado de evitar la política partidista.

Cuando le preguntaron por el intento de negarle la comunión a Biden, dijo a los periodistas en un vuelo papal en septiembre que “nunca he negado la eucaristía a nadie”, aunque añadió que no conocía ningún caso en el que un político de este tipo hubiera acudido a él para comulgar.

Francisco considera que la politización, y los usos bélicos de la eucaristía, son desastrosos para la Iglesia y su capacidad de permanecer ajena a la contienda secular. El Vaticano ha señalado que el obispo de Biden, el arzobispo Wilton Gregory de Washington, que fue nombrado por Francisco, ha dicho que no le negará la comunión al mandatario.

Está claro que Francisco tiene partidarios entusiastas en Estados Unidos, especialmente entre los obispos y cardenales que ha nombrado. Pero entre los obispos estadounidenses, los nombrados por Francisco y sus aliados aún no son mayoría, y a los funcionarios del Vaticano les preocupa que el movimiento de una mayoría de obispos católicos contra un presidente católico y otros altos cargos eclesiásticos en Estados Unidos pueda sentar un peligroso precedente.

Los católicos liberales dicen que se sintieron aliviados por el hecho de que Francisco le diera la bienvenida a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, otra política que favorece el derecho al aborto, durante una reunión celebrada en su estudio el 9 de octubre. Francisco permitió que la reunión fuera grabada en video, y se mostró cálido.

En su país, el obispo de Pelosi, el arzobispo Salvatore Cordileone de San Francisco, ha emitido una carta pastoral en la que pide que se prohíba el acceso al sacramento a las figuras públicas que apoyan el aborto.

Poco después de su reunión con Francisco, Pelosi asistió a una misa en San Patricio, una iglesia dedicada a la comunidad de expatriados estadounidenses en Roma.

El reverendo Steven Petroff, el rector, le dio la bienvenida y esperaba darle la comunión, pero una protesta cercana sobre un nuevo salvoconducto de salud italiano se volvió violenta y obligó a que las autoridades tuvieran que evacuarla por motivos de seguridad.

Los medios conservadores que critican a Francisco y a Pelosi informaron erróneamente de que su salida había sido forzada por los abucheos en la iglesia y desencadenaron un torrente de correos de odio de católicos estadounidenses furiosos con el padre Petroff por invitarla a su templo, incluso llegaron a calificarlo de “engendro de Satanás” y “ayudante de Satanás”.

“Lamentablemente, ahora las líneas políticas están mucho más definidas, y divididas, de lo que nunca han estado”, dijo el padre Petroff en una entrevista. “Y eso ha salpicado a la Iglesia, al menos a la de Estados Unidos”.

Añadió que su comunidad eclesiástica de Roma había sido pacífica y políticamente tolerante. “Ese desbordamiento”, dijo “vino de Estados Unidos”.

Desde hace años, Francisco y los altos funcionarios del Vaticano han identificado que la oposición al pontificado proviene en gran medida de los conservadores de Estados Unidos. Francisco ha calificado como “un honor que los estadounidenses me ataquen”. Ha dicho que “no me asusta” la perspectiva de un cisma con los disidentes de la Iglesia estadounidense.

Por Jason Horowitz
NYTimes

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