Para cuando los líderes de República Dominicana se dieron cuenta de que algo andaba mal con las máquinas de votación, la gente llevaba horas votando.

En respuesta, el gobierno tomó la medida sin precedentes de suspender las elecciones en todo el país el 16 de febrero, lo que provocó protestas generalizadas y el temor de que los próximos comicios estuvieran en riesgo.

Las protestas son un reflejo del nerviosismo que existe en el país caribeño y en el resto del mundo en torno a la protección de los comicios: intervención extranjera, manipulación de votos y errores como la aplicación defectuosa que se usó recientemente en el caucus de Iowa. Las preocupaciones son particularmente graves en República Dominicana, donde un partido ha detentado la presidencia durante la mayor parte de lo últimos 24 años y donde los hombres fuertes que gobernaron durante casi todo el siglo XX aún proyectan su sombra en la política.

República Dominicana ahora se enfrenta a dos grandes votaciones en tres meses, envuelta en protestas y desconfianza.

Las próximas protestas están planeadas para el jueves, cuando en República Dominicana se celebran los 176 años de la independencia de Haití.

“Estoy seguro que muchos dominicanos saldrán a protestar el Día de la Independencia”, dijo José María Cabral, un cineasta y manifestante de 31 años. “Estamos aquí porque esto se puede poner mucho peor, puede haber una crisis más grande”, agregó. “La gente está lista”.

¿Qué pasó en la primera elección?
El 16 de febrero se realizaron elecciones municipales en República Dominicana durante cuatro horas hasta que los funcionarios se dieron cuenta de que las máquinas de votación electrónica no funcionaban correctamente, dijeron autoridades de la junta electoral.

Los funcionarios electorales encontraron que alrededor de un 60 por ciento del país fue afectado de tal modo que los votantes no lograron ver boletas completas.

“En muchas de las máquinas solo podía verse un partido en la boleta, a veces dos o tres, pero nunca se veían todos los partidos en una boleta”, dijo Cabral.

En cuanto quedó claro el alcance del problema, los funcionarios electorales suspendieron la votación. “El voto electrónico nos falló esa mañana”, dijo días después Julio César Castaños Guzmán, el presidente de la junta electoral.

Las autoridades también reconocieron que al menos un día antes de la elección tuvieron conocimiento de que había un problema con las máquinas de votación, pero que pensaron que podía arreglarse fácilmente.

“Se nos advirtió, pero no de la magnitud del problema”, señaló Castaños Guzmán. Al referirse a las personas responsables de instalar el sistema, agregó: “Nos dijeron que era un asunto que podía arreglarse en el momento que se instalaran las máquinas”.

¿Cómo respondió el gobierno?
Después de suspender la votación, la junta electoral programó una nueva elección para el 15 de marzo, treinta días después de la fecha original, tal como indica la constitución. La junta dijo que los sitios de votación solo usarían boletas de papel. Todas las papeletas emitidas en el mes de febrero serían destruidas.

La junta también suspendió a su director técnico nacional y recurrió a la Organización de los Estados Americanos (OEA), que representa a 35 países del hemisferio occidental, para que auditara el sistema automático de votación.

“Esta auditoría sería completa y vinculante en sus resultados”, dijo la OEA en un comunicado.

El país también se prepara para la elección presidencial del 17 de mayo, lo que aumenta la presión para que el sistema de votación funcione y resulte confiable.

El desperfecto de febrero no es la primera vez que el país ha tenido problemas con un sistema de votación automático. En la elección presidencial de 2016, la junta electoral demoró 13 días en contar los votos que se emitieron de manera electrónica.

Organizaciones nacionales e internacionales que han monitoreado otras elecciones dominicanas han atestiguado casos de proselitismo ilegal y encontrado indicios de compra de votos. Para algunos votantes, la suspensión de la elección de febrero parecía una advertencia sobre la corrupción e incluso un recordatorio de cuando el ejército interrumpió el conteo de votos en 1978, cuando el país emergía lentamente de décadas de autoritarismo.

¿Por qué se desataron las protestas?
Poco después de la suspensión de las votaciones, cientos de manifestantes marcharon en Santo Domingo, la capital. Miles más han protestado en todo el país desde entonces, también con cacerolazos desde sus hogares.

Muchos de los manifestantes exigieron la renuncia de la junta electoral, pero Eduardo Sánchez, uno de los miembros fundadores de Somos Pueblo, un grupo de activistas en Santo Domingo, dijo que tomaría demasiado tiempo llenar las vacantes resultantes.

Más bien, Somos Pueblo y otros manifestantes están pidiendo observadores internacionales y locales para monitorear las próximas elecciones y garantizar que no haya fraude. También exigen transparencia a los funcionarios dominicanos.

“Esto exige una solución sin precedentes”, dijo Sánchez.

Las medidas de la junta electoral poco han servido para contrarrestar la creciente desconfianza, dijo Orlando Jorge Mera, delegado del principal partido de la oposición, el Partido Revolucionario Moderno.

“No puede haber sido solo negligencia o falta de control de calidad, parece que hubo sabotaje”, señaló.

Muchos manifestantes y partidos políticos creen que el partido gobernante, el Partido de la Liberación Dominicana, que ha detentado la presidencia en los últimos 16 años, trató de aprovecharse del mal funcionamiento de las máquinas, dijo Jorge Mera.

Bartolomé Pujals Suárez, candidato a la alcaldía de Santo Domingo, que debía aparecer en la boleta por Alianza País, dijo que la junta había actuado “de modo complaciente al partido gobernante”.

“La junta no garantiza elecciones libres y democráticas”, dijo. “Están al servicio del gobierno, y el gobierno no se está preparando para renunciar al poder”.

“La democracia dominicana está en juego”, dijo Pujals Suárez.

República Dominicana tuvo su primer cambio de mando pacífico entre presidentes electos libremente en 1978, después de 12 años bajo el régimen de Joaquín Balaguer, la guerra civil y la intervención estadounidense, y 30 años bajo el dictador Rafael Trujillo.

Ahora, la nación tiene una de las tasas de participación electoral más altas de América Latina, dijo Ramona Hernández, directora del Instituto de Estudios Dominicanos de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

“A pesar de todo lo que se escucha, la gente participa en el proceso electoral”, dijo. “Creen en esta cosa y por eso es que nos preocupamos”.