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Política

Jill Biden no es Melania Trump

Por 
TheNYTimes

No usará la moda como escudo contra el mundo. Ella no se ceñirá al glamur ni se armará con marcas europeas de lujo. Ciertamente no es un trofeo colocado en un estante.

A medida que el experimento del Partido Demócrata con convenciones remotas continuó el martes en su segundo día, Jill Biden se esforzó por presentar a su esposo, Joe Biden, como el candidato anti-Trump en carácter y convicción, e interpretó su papel en el drama. Después de todo, si él es la alternativa presidencial, ella también lo es a la actual primera dama.

La primera dama es un papel extraño, como han señalado muchos historiadores: nadie vota por ella, pero también es crucial para encarnar la humanidad de un presidente y los aspectos de un candidato que resuenan entre los votantes. Es por eso que la esposa da un discurso de apertura durante la convención, y también por qué tradicionalmente se le presta tanta atención a lo que usa: por qué, por ejemplo, su ropa puede terminar en un museo y por qué la primera dama a veces es tratada como la primera influyente. (Por qué, cuando llegue la hora de un primer hombre, su ropa también importará).

La primera cónyuge es una parte clave de la creación de la imagen.

Con ese fin, en su segmento de la convención, la doctora Biden se paró en el pasillo vacío de una escuela en Wilmington, Delaware, un guiño a sus logros académicos y su historial como maestra, un trabajo que sus asistentes dijeron que planea continuar en la Casa Blanca.

Comenzó a hablar y entró al salón de clases de la secundaria donde una vez enseñó. Habló sobre la familia y la pérdida, la pandemia y los padres, y cómo el amor —y su esposo— pueden arreglar las cosas. Sobre cuidarnos unos a otros como individuos y como nación. Al final, su esposo salió del costado del encuadre para darle un beso y elogiarla. Fue una escena conmovedora, en todos los sentidos.

Llevaba un vestido-abrigo color verde pizarra, abotonado en el lado izquierdo, y muy poca joyería. A pesar de los elogios de los espectadores emocionados, algunos de los cuales querían saber dónde obtener el conjunto, para el miércoles por la mañana no se había dicho oficialmente quién lo había diseñado.

Puede que eso no parezca digno de mención, pero lo es en un mundo donde se ha vuelto usual que las figuras públicas nombren a sus diseñadores: mira a la moderadora de la convención esa noche, Tracee Ellis Ross, quien agradeció a Proenza Schouler en Instagram por su vestido color vino. Y para una mujer que pasó ocho años junto a Michelle Obama, quien con cada uno de sus atuendos desencadenó un frenesí, fue una elección significativa.

No fue el más interesante de la noche. Ese honor tiene que ser para alguno de los electores que pasaron lista, quienes representaron no solo las opciones de nominación de los 57 estados y territorios, sino también un verdadero arcoíris de vestimenta. ¡Coronas florales! ¡Camisas a cuadros! ¡Uniformes médicos! Estaban todos ahí. Y mucho más.

Aún así, el vestuario de la doctora Biden reforzó la informalidad que se ha convertido en parte de la tradición Biden y lo fácil que es identificarse con la pareja, al igual que sus palabras subrayaron la empatía de su esposo (como lo hizo el segmento sobre sus amigos de Amtrak del primer día de la convención). Y ofreció un claro contraste con Melania Trump, quien se ha vestido durante los últimos tres años con los más brillantes nombres de diseñadores de lujo y ha dejado que ellos hablaran en gran medida por ella.

Nola Kileleman His de las Islas Marianas del Norte representó a la comunidad durante la votación nominal de la convención.Credit…Convención Nacional Demócrata vía Associated Press

En su vestido-abrigo, Biden parecía cómoda y ordenada. Parecía una maestra común: familiar pero también un poco mandona.

El montaje de video biográfico que precedió al discurso e invitó a los espectadores a su vida había preparado el escenario. Allí estaba ella: como madre joven, como compañera; en el duelo, en la alegría. Ahí estaba ella, preparándose para correr… ¿un maratón? ¿Alrededor de la cuadra? Ambos. Llevaba leggins y una camiseta vieja; el uniforme del trabajo en casa en tiempos de pandemia.

Creó una gran identificación: Oh, la conozco.

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