Aquí en Texas, Estados Unidos tiene dos fronteras sur. Vivo a 16 kilómetros de una y a casi 97 kilómetros de la otra.

La primera frontera es la que todos conocen: la barrera alta de acero que se ve en las noticias, la línea física y simbólica, tan patrullada y debatida, que además tiene alambre de púas.
La segunda está más al norte y durante años ha separado de manera discreta a las ciudades del suroeste del resto de Estados Unidos. Esta otra “frontera” está formada por la línea de puntos de control federales de tránsito que operan hasta 161 kilómetros al norte de la cerca. Hay más de treinta puntos de control permanentes de la Patrulla Fronteriza en Arizona, California, Texas y Nuevo México.

Más que la cerca, los puntos de control son el verdadero muro fronterizo. Más inmigrantes indocumentados mueren tratando de eludir los puntos de control que los que fallecen tratando de atravesar la valla, y muchos les temen más a esos controles que a la cerca.

Todos los días, los cientos de miles de personas que llegan hasta estos puntos de control tienen que hacer algo que los estadounidenses en otras ciudades no tienen que hacer en la autopista: responderle a un agente uniformado cuando les pregunta si son ciudadanos de este país.

Estos puntos de control aparecieron en las noticias durante la semana, después de que la Patrulla Fronteriza tomara la medida extraordinaria de cerrar temporalmente algunos de ellos en la región de El Paso y en Nuevo México. Los funcionarios de la Patrulla Fronteriza dijeron que lo hicieron como respuesta a la entrada de familias centroamericanas que buscan asilo. Los agentes que trabajan en esos puntos de control están siendo enviados a otras partes para ayudar a procesar a los migrantes que, según los funcionarios, están saturando sus recursos disponibles a lo largo de la frontera.

“Hace dos semanas informé a los medios y testifiqué ante el congreso que nuestro sistema de inmigración está en un punto de quiebre”, les dijo a los reporteros Kevin K. McAleenan, comisionado de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, este miércoles en El Paso. “Ese punto de quiebre ocurrió esta semana en nuestra frontera”. Hubo un total de 13.400 migrantes en custodia a lo largo de la frontera el miércoles 27 de marzo por la mañana, comentó. “Cuatro mil es una cifra muy alta para nosotros. Seis mil es la cifra del nivel de crisis. Trece mil es un número sin precedentes”.

El cierre de esas instalaciones los ha puesto de nuevo bajo los reflectores nacionales y ha planteado una serie de preguntas. La Patrulla Fronteriza ha invertido una cantidad considerable de tiempo, dinero de los contribuyentes y personal en estos puntos de control fronterizos, diseñados para interceptar cualquier droga o migrante no autorizados que pudieran haber atravesado los principales puertos de entrada.

Cuando visité uno de los puntos de control más concurridos de la frontera en 2015 —ubicado en medio de las haciendas del sur de Texas, cerca de la ciudad de Falfurrias en la autopista 281— un agente de la Patrulla Fronteriza me dijo: “Sin los puntos de control, los narcóticos y la gente atravesarían directamente por las autopistas”.
Supongo que esos narcóticos y esas personas están atravesando directamente las autopistas en las zonas de Texas y Nuevo México donde ahora están cerrados los puntos de control, a pesar de toda la retórica sobre una mayor seguridad fronteriza.

El mes pasado me mudé temporalmente de Houston a la ciudad de McAllen, al sur de Texas, para ayudar a expandir la cobertura de The New York Times en la frontera. No puedo regresar en auto a Houston sin pasar por un punto de control y no puedo pasar por un punto de control sin bajar la ventanilla y responder a la pregunta de un agente de la Patrulla Fronteriza: “¿Es usted ciudadano estadounidense?”.

A veces los agentes me preguntan adónde voy y, por lo menos en una ocasión, me pidieron que abriera el maletero. Una vez, un agente bromeó acerca de las calcomanías de Barbie y Trolls que mi hija de 6 años había pegado en la ventana trasera. En otra ocasión, uno de los perros de la Patrulla Fronteriza que olfatean los vehículos reaccionó a algo en el maletero y tuve que estacionarme para que una inspección adicional, en la que no encontraron nada.

En un país donde las tácticas de detención y cateo de la policía son tema de un gran debate, los estadounidenses que viven en la frontera han normalizado la intromisión del gobierno.
“Es desestabilizador para la gente que vive en esas regiones, de maneras sutiles y matizadas”, comentó Francisco Cantú, exagente de la Patrulla Fronteriza y autor de The Line Becomes a River, un libro de memorias. “Creo que es parte de crear el ‘estado de excepción’, lo cual genera la idea de que la frontera de alguna manera es ‘distinta’, diferente del territorio completamente normal de Estados Unidos”.
Las interacciones en los puntos de control no siempre se desarrollan sin problemas, como en mi caso. Muchos conductores y activistas que se han rehusado a responder la pregunta sobre la ciudadanía han publicado videos de los encuentros en YouTube. Un video muestra a una profesora de California en un punto de control de Nuevo México cuando cuestionaba la autoridad de un agente para detenerla. Los agentes en esas situaciones generalmente hacen referencia al caso de Estados Unidos contra Martínez-Fuerte, la resolución de la Suprema Corte en 1976 que estableció que detener vehículos en los puntos de control correspondía a las restricciones que la Cuarta Enmienda impone a los cateos y las detenciones injustificadas.

A menudo me pregunto una cosa: nací en Fresno, California, pero ¿me harían preguntas con la misma frecuencia en los puntos de control si no fuera mexicano-estadounidense? Varios amigos y colegas blancos me han dicho que los agentes les han dicho que pasen sin cuestionar su estatus de ciudadanía. A mí no me ocurre eso. He pasado por varios puntos de control de la Patrulla Fronteriza en Texas decenas de veces. En cada ocasión me preguntan si soy ciudadano estadounidense.

Manny es parte del equipo de periodistas del Times que actualmente se encuentran en la frontera. Cada semana, ellos compartirán parte de su reporteo sobre la frontera y las personas que pasan tiempo en ambos lados de ella.