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Turismo

El turismo de Islandia se prepara para un regreso

Un paisaje cerca de Akureyri, Islandia. Una década de auge turístico fue interrumpida por la pandemia, pero Islandia tiene la vista puesta en el futuro.Credit...Getty Images

El país espera que cuando la gente reserve sus primeros vuelos pospandémicos al extranjero, Islandia sea la primera opción. También pretende aprender del pasado reciente, cuando el número de turistas se disparó.

En un octubre normal, el Hotel Radisson BLU Saga en Reikiavik estaría repleto de turistas entusiasmados por ver las auroras boreales, viajeros de negocios con planes de asistir a ferias comerciales, recién casados en su luna de miel emocionados por hacer un recorrido por las cascadas de Islandia y las aguas termales. Este año, obviamente todo es muy distinto.

“Es irreal”, dijo Ingibjorg Olafsdottir, la gerente del hotel. “Está completamente callado”.

Desde marzo, incluso con el apoyo del gobierno, el personal de Olafsdottir se ha reducido de 140 a solo 16 empleados. El hotel, que tiene más de 200 habitaciones, suele tener un índice de ocupación de más del 75 por ciento, pero cayó a un 11 por ciento en septiembre.

“Ha provocado muchos sentimientos”, comentó Olafsdottir y agregó que, incluso tras reducir sus operaciones al mínimo, el hotel sigue acumulando deudas. “Pero el asunto es que, creo que todos estamos en la misma situación”.

El turismo experimenta una recesión sin precedentes en todo el mundo, pero varios factores hacen a Islandia particularmente vulnerable al colapso de la industria: el aislamiento geográfico, una población nacional pequeña, medidas fronterizas estrictas y una economía que —tras un auge turístico extraordinario que ha durado una década— ha terminado por depender en gran medida de los turistas extranjeros. Una ola reciente de casos de coronavirus ha aumentado los desafíos para Islandia.

Sin embargo, a pesar de que las cifras de visitantes son bajas, Islandia se posiciona para una recuperación significativa del turismo tras la pandemia. El gobierno invertirá más de 12 millones de dólares en infraestructura para el turismo, al tiempo que mejora las carreteras y los puertos de todo el país. Para mantener la industria turística a flote a corto plazo, el gobierno también invertirá más de 9 millones de dólares en un programa que distribuye cupones de viajes gratuitos entre los ciudadanos y residentes de Islandia. A fines de la primavera, se lanzó una campaña publicitaria dirigida a los turistas nacionales; una versión internacional se develará tan pronto se terminen las restricciones de viaje.

El gobierno espera que cuando la gente reserve sus primeros vuelos internacionales tras la pandemia Islandia sea su primera opción.

El auge del turismo
La escasez de turistas era la última preocupación para los islandeses en 2018, cuando el país recibió una cifra récord de 2,3 millones de visitantes, más de seis veces la población de Islandia.

Fue el cenit de un auge turístico que, según la mayoría de los observadores, se remonta a 2008, cuando un brusco descenso en el valor de la corona islandesa —como consecuencia de una crisis económica que afectó al país ese año— de pronto hizo a Islandia mucho más asequible para los extranjeros. Luego en abril de 2010, la nube de ceniza de la erupción del volcán Eyjafjallajökull forzó la clausura temporal de una amplia franja del espacio aéreo de Europa, y puso a Islandia en los titulares de todo el mundo. El gobierno lanzó la campaña de mercadotecnia “Inspirado en Islandia” unas semanas después de que la erupción se hiciera noticia, y lo que comenzó como una incomodidad de viaje se convirtió en una enorme ventaja publicitaria.

El turismo se disparó. Las cifras de visitantes aumentaron de 459.000 en 2010 a más de 2,3 millones en 2018. En términos económicos, el turismo llegó a constituir el 8,6 por ciento del producto interno bruto y el 39 por ciento de los ingresos totales por exportación del país. Aproximadamente 30.000 personas —casi el 16 por ciento de la fuerza laboral islandesa— trabajaban en la industria del turismo en 2018.

En Reikiavik, empezaron a verse señales del impacto del turismo: Dunkin’ Donuts apareció en 2015 (ahora, todas las sucursales han cerrado); un Hard Rock Cafe abrió al año siguiente; H&M llegó en 2017. En el campo, lugares que antes solo recibían un puñado de visitantes estaban llenos de grupos de recorridos turísticos. Muchos turistas eran sorprendidos al estacionar sus casas rodantes en áreas prohibidas, y a otros varios defecando donde les daba la gana.

“En un verano típico, se veían casas rodantes estacionadas en casi cualquier parte”, relató Jenna Gottlieb, autora de la guía turística de Islandia de la editorial Moon y una estadounidense que ha vivido en Islandia desde 2012. “Eso provoca reacciones muy negativas en las personas porque no hay sanitarios en un estacionamiento o donde sea que la gente se estaciona. Se considera una falta de respeto grave”.

En 2015, un video musical de Justin Bieber transformó un rincón desconocido de la campiña islandesa en un destino imperdible para los usuarios de Instagram. El sitio —el cañón Fjaðrárgljúfur, que tenía poca infraestructura cuando se filmó el video musical— pronto se inundó de turistas. La autoridad ambiental más tarde les prohibió la entrada a los visitantes en la primavera, cuando el suelo se descongela y es más propenso a dañarse.

Una encuesta realizada a turistas en el verano de 2016 reveló que, en todos los destinos, excepto dos —la popular catarata Gullfoss y la región geotermal de Geysir— a una mayoría de los visitantes no les molestaba el tamaño de las multitudes. Casi todos los islandeses también tenían opiniones positivas sobre el turismo. De hecho, el ascenso de la industria se tradujo en muchos beneficios para los lugareños: una variedad más amplia de empleos y restaurantes, vuelos más costeables a otras partes del mundo. Además, muchos de ellos en realidad disfrutaban la presencia de los visitantes. A diferencia de otros destinos atractivos para los turistas como Venecia y Barcelona, Islandia no tiene un movimiento activo en contra del turismo.

Los islandeses “simplemente son personas afectuosas que disfrutan recibir a los visitantes”, dijo Anna Dora Saethorsdottir, profesora de Turismo en la Universidad de Islandia. “Estamos orgullosos de nuestra cultura y de nuestra naturaleza. Cuando estás orgulloso de algo también te encanta mostrarlo. La mayoría de los islandeses tienen una perspectiva positiva del turismo”.

Las inquietudes empezaron a aumentar. A los expertos extranjeros y a muchos islandeses les preocupaba la presión que todos esos turistas ejercían sobre el frágil ecosistema natural del país. En 2016, la frase “exceso de turismo” apareció en un relato de viajes sobre Islandia y el uso del término comenzó a difundirse.

Aunque no tardaría en disiparse, por supuesto. En 2017, la corona islandesa se fortaleció, lo cual hizo al país un destino más caro. En marzo de 2019, WOW Air, una aerolínea islandesa de bajo costo, colapsó. Las cifras de turistas ese año cayeron un 14 por ciento, a poco menos de dos millones. Y luego llegó 2020.

‘Todos están llorando’
El verano empezó bastante bien. Las cifras de coronavirus en Islandia eran bajas y los viajes dentro del espacio Schengen de Europa, del cual es miembro Islandia, empezaron a abrirse. La gente que viajaba a Islandia podía elegir entre someterse a una prueba del virus al llegar al territorio o cumplir con una cuarentena de 14 días. Al mismo tiempo, el gobierno lanzó una campaña para promover el turismo entre los estimados 366.000 habitantes de la isla, que ofreció cupones turísticos con un valor de 5000 coronas (unos 36 dólares) a todos los residentes islandeses mayores de 18 años.

En el verano “nos fue bastante bien, en vista de la situación”, dijo Bjarnheidur Hallsdottir, presidenta del consejo de la Asociación de la Industria de Viajes de Islandia y directora ejecutiva de dos empresas turísticas. “Y luego, de la nada, el gobierno decidió cambiar las reglas en las fronteras. Desde entonces, todos están llorando”.

Las nuevas reglas, que entraron en vigor el 19 de agosto y siguen vigentes, dictan que los pasajeros que llegan pueden elegir entre someterse a dos pruebas diagnósticas del virus, con un intermedio de cinco días de cuarentena autoimpuesta, o saltarse la evaluación fronteriza y cumplir con una cuarentena de 14 días tras su llegada.

“Dado el repunte de infecciones a nivel mundial y el efecto generalizado que un pequeño contagio puede tener en el funcionamiento de nuestra sociedad, el gobierno ha decidido fortalecer nuestras medidas de evaluación fronteriza para limitar aún más el número de infecciones que entran al país”, declaró la primera ministra, Katrín Jakobsdóttir, cuando se anunciaron las reglas.

Hallsdottir afirmó que cuando entraron en vigor las nuevas medidas, las cifras de turistas se desplomaron. Y aunque los casos del virus permanecieron bajos durante la mayor parte del verano, el país ha registrado una ola de nuevos contagios desde mediados de septiembre, incluso con las nuevas medidas establecidas. Muchos de los casos recientes han estado relacionados con un par de turistas franceses que dieron positivo en la prueba del virus cuando llegaron al país, pero que después no se aislaron, según informó el sitio de noticias islandés Visir.is. El 5 de octubre, el gobierno ordenó el cierre de bares, clubes nocturnos y gimnasios, y prohibió la mayoría de las reuniones de más de 20 personas.

Al igual que en casi todos los rincones del mundo, el caos de los últimos meses ha detonado un incremento del desempleo en Islandia. Entre marzo y agosto de este año, unas 8000 personas —alrededor del cuatro por ciento de la fuerza laboral del país— fueron despedidas, según la Dirección General del Trabajo de Islandia; la mayoría de esos despidos fueron en la industria del turismo. En agosto, la tasa de desempleo en Islandia llegó a un 8,5 por ciento, en comparación con solo el 2,5 por ciento de los dos años anteriores. El organismo predijo un aumento en las pérdidas de empleo en septiembre y octubre.

Hallsdottir dice que los operadores turísticos ahora han solicitado al gobierno que les ayude a cubrir los costos de operación, o a pagar los salarios del poco personal que puede mantener a flote sus empresas.

“Si nadie atiende el teléfono ni responde los correos electrónicos, no habrá turismo el año que viene”, afirmó.

Inversión en el futuro
Después de la crisis bancaria de 2008, el auge turístico de Islandia ayudó a impulsar al país a una recuperación económica impresionante. Sin embargo, aunque el rápido crecimiento del turismo extranjero creó empleos e ingresos, también dejó rezagada la capacidad del gobierno de construir la infraestructura necesaria para atender a tantos visitantes nuevos. Ahora que las cifras de turistas son tan bajas, el gobierno tiene la oportunidad de ponerse al corriente.

Este año, el gobierno islandés invertirá unos 1700 millones de coronas islandesas (alrededor de 12,3 millones de dólares) en infraestructura en destinos turísticos tanto públicos como privados en todo el país, declaró Skarphedinn Berg Steinarsson, director general de la Oficina de Turismo de Islandia. Se han apartado aproximadamente 1000 millones de coronas para infraestructura en parques nacionales, áreas protegidas y grandes sitios turísticos públicos, mientras que se destinarán 700 millones de coronas al Fondo de Protección de Sitios Turísticos del país. Estas inversiones ya estaban planeadas desde el año pasado, pero el gobierno aumentó el financiamiento cuando se desató la pandemia. Estas inversiones adicionales apuntalarán las mejoras en puertos y carreteras de toda la nación.

Las mejoras en los sitios turísticos tienen dos objetivos, dijo Steinarsson en una entrevista, “permitir la recepción de grandes cantidades de visitantes —con la creación de espacios de estacionamiento y senderos peatonales, etcétera— y también preservar la naturaleza a fin de garantizar que los sitios no se desgasten cuando volvamos a abrir las puertas a los turistas”.

Las subvenciones más cuantiosas del Fondo de Protección de Sitios Turísticos servirán para respaldar la construcción de un mirador en la montaña Bolafjall en la región de Vestfirðir, afirmó, así como para la infraestructura en el cañón Studlagil, donde se instalará un mirador junto con nuevos senderos peatonales, sanitarios y señalizaciones informativas. Estas mejoras están pensadas para mantener seguros a los turistas (la montaña Bolafjall tiene un acantilado escarpado), y también para proteger al paisaje del daño ambiental y mejorar la experiencia general de los visitantes.

El cañón Studlagil es ejemplo de un fenómeno que es común en Islandia: un sitio que no fue creado por los anfitriones sino por los invitados. El cañón —que tiene riscos pronunciados de basalto a los costados de un río glaciar— fue “descubierto” como un destino atractivo hasta hace poco, relató Steinarsson, después de que el caudal del río se volvió mucho más tranquilo debido a la construcción de una planta hidroeléctrica cerca de ahí.

“Este es uno de esos sitios turísticos que nacen en las redes sociales”, dijo Steinarsson. “Pero no hay infraestructura ahí, no hay espacios de estacionamiento ni sanitarios. ¿Qué pasa cuando empiezas a permitir la entrada de 100.000 o 500.000 visitantes? Todo resulta perjudicado porque nada está diseñado para lidiar con esa situación”.

Ahora el gobierno trabaja con los propietarios del terreno para construir senderos peatonales y sanitarios. El objetivo, dijo Steinarsson, es garantizar que los visitantes puedan disfrutar el lugar “sin dañar nada”.

El tipo de infraestructura que se va a instalar en Studlagil ya está montada en la mayoría de los sitios más conocidos de Islandia, sobre todo en el Círculo Dorado, un área cercana a Reikiavik que incluye algunos de los destinos turísticos más famosos del país: la cascada Gullfoss, la región geotermal de Geysir y el Parque Nacional Thingvellir, entre otros. Si bien la infraestructura en esas áreas ya es bastante buena, Steinarsson comentó que cualquier lugar que sea particularmente frágil requerirá mantenimiento —y financiamiento— constante para protegerlo de los daños relacionados con la presencia de turistas.

En los últimos meses, bastantes islandeses han visto estos lugares y los han disfrutado con menos personas de lo normal. A fines de la primavera se lanzó una campaña publicitaria para motivar a los lugareños a explorar su país (“Island — komdu med!” o “Islandia, ¡ven a visitarnos!”), y la campaña de cupones de viaje promocionada por el gobierno ayudó a reactivar la demanda de hoteles, restaurantes y atracciones. Hasta ahora, los islandeses han usado más de 1,2 millones de dólares del valor de sus cupones de viajes gratuitos, que son válidos hasta el final del año. Las actividades más populares han sido FlyOver Iceland, una atracción en Reikiavik; Islandshotel, una cadena hotelera; y Blue Lagoon, las aguas termales cerca del aeropuerto más grande del país.

“Fue un éxito”, dijo Steinarsson sobre los esfuerzos para incentivar el turismo nacional. “Los islandeses realmente disfrutaron su país en el verano. Eso es lo más importante”.

Con miras al futuro
¿Cómo se verá el turismo en Islandia después de que se levanten las restricciones de viaje? Varias personas entrevistadas expresaron esperanza de que los turistas futuros se queden más tiempo en el país y se den la oportunidad de explorar rincones menos populares de la isla.

“Si van más allá de los lugares típicos —y ni siquiera tienen que alejarse demasiado— encontrarán una sensación más remota, una versión más privada de Islandia”, afirmó Gottlieb, la autora de la guía turística.

Es una clase de turismo que parece coincidir más con la manera en que han cambiado las actitudes de los consumidores durante la pandemia, dijo Peter Jordan, director del departamento de estrategias e investigación en Toposophy, una agencia de gestión y promoción de destinos turísticos. La gente está buscando “espacios abiertos, aire fresco, naturaleza, rutas de excursión, senderos para ciclistas, actividades al aire libre, y quizá una forma mucho más lenta de viajar”, comentó en una entrevista. Según esos estándares, Islandia —que tiene la densidad poblacional más baja de Europa— cumple casi todos los requisitos.

Incluso Olafsdottir, la gerente del hotel, se mostró optimista sobre las posibilidades turísticas del país después de la pandemia.

“La población es tan pequeña y el país es tan grande”, dijo. “Para Islandia, esa es una gran oportunidad”.

Por Paige McClanahan
TheNYTimes

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