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Bitcoinestá en crisis. Nunca se puede declarar realmente muerta –la idea de una moneda electrónica que en teoría no tiene fronteras ni ley siempre vivirá en algún lugar–, pero su precio se ha desplomado un 80 por ciento en menos de un año, eliminando unos US$700.000 millones de los mercados de criptomonedas.

¿Qué ocurrirá a partir de ahora? Los verdaderos creyentes están apostando a una simple repetición de las pasadas burbujas de activos, como las acciones puntocom o los bienes raíces: una limpieza de los actores malos en todo el sistema antes de que la montaña rusa comience de nuevo. En ese argumento hay un precio para todo, incluso para activos de nicho sin valor intrínseco. Tal vez bitcoin debería estar por encima de US$3.700.

Pero el comportamiento de la moneda virtual desde el comienzo del año no solo parece el estallido de una burbuja; parece más una moneda víctima de un ataque. La mayor parte del colapso de precios ocurrió entre diciembre y febrero, cuando descendió desde casi US$19.000 a alrededor de US$7.000. Hasta este mes, el rango de US$6.000 a US$7.000 parecía irrompible. Había un piso en el precio, hasta que se derrumbó.

Es una reminiscencia de cómo los bancos centrales en el pasado defendieron sus monedas frente a la fuerte presión de venta, utilizando sus reservas financieras para mantener un nivel o rango de precios. Como un boxeador que recibe una serie implacable de golpes, si no hay más recursos para soportar el dolor, se convierte en un nocaut. Piense en la lucha del banco central ruso por defender el rublo en 1998, o el esfuerzo del Banco de Inglaterra por defender la libra esterlina en 1992. En ambos casos, las monedas se mantuvieron, luego tambalearon, luego colapsaron.

Una interpretación caritativa de este tipo de movimiento en el bitcoin, que no tiene un banco central, sería una comunidad muy unida que se asocia para proteger su inversión. En 2014, cuando el bitcoin sufría después de la burbuja, una enorme orden de venta de 30.000 bitcoins con un límite de precio de US$300 por moneda, en un momento en que el precio de mercado era de US$350, causó nerviosismo en el mercado. Pero los criptofanáticos se unieron para absorber la venta, e incluso hicieron arte conceptual para inmortalizar la matanza del vendedor “BearWhale” (en referencia a un operador importante que apuesta a la caída de la moneda).

Pero eso fue entonces, y esto es ahora. Los defensores del credo con recursos para influir en el precio tienen más probabilidades de ser actores grandes y centralizados, como grandes operaciones mineras, bolsas o las direcciones numeradas en 500 con más de US$10 millones de bitcoins a su nombre, no una comunidad comprometida de fanáticos de la tecnología.

Si está buscando quién tiene el poder de fuego tipo banco central para realizar fuertes ventas de bitcoins, no busque más allá de tether, según Raoul Pal, exgerente del fondo de cobertura GLG Partners convertido en consultor y autor de The Global Macro Investor, una publicación de investigación.

Los tokens de tether afirman estar respaldados uno a uno por una moneda fuerte como los dólares estadounidenses, lo que significa que pueden negociarse y utilizarse en intercambios criptográficos como un simple sustituto para los dólares que no son vulnerables a la volatilidad de los precios del tipo moneda virtual.

Sin embargo, durante mucho tiempo ha habido sospechas de que los tethers, que se crean en olas considerables, se usan para mantener artificialmente el precio del bitcoin. Un trabajo de investigación en junio sugirió que los nuevos tethers parecían inundar el mercado cada vez que bajaban los precios del bitcoin, ayudando a detener el declive. Recientemente, el Departamento de Justicia de Estados Unidos inició una investigación.

Pal destacó los desplazamientos del bitcoin, similares a los de una moneda de cambio fijo, antes de que cayera del nivel de US$6.000. Si se traspasó esta defensa y las investigaciones de los reguladores muestran evidencia de manipulación de precios, la liquidación de este año será algo más que un mercado bajista cíclico. Cuidado con el rebote.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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