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Noticias Internacionales

Cuando una inolvidable generación dice adiós

La generación que se despide

Arturo Alejandro Muñoz (desde Chile)

Todo tiene su propia punta de rieles, su estación terminal, su final. Todo lo tiene, incluso la vida, aunque esta no requiere precisamente de la existencia permanente de una generación…al menos, no de la existencia en carne y hueso.

Supongo que muchos filósofos y científicos se habrán hecho la misma pregunta. ¿Al morir una persona, a dónde va todo ese mundo de conocimientos, creatividad y avances que ella logró en vida? ¿Se pierde? ¿Se difumina en el arcón cósmico?

En realidad, la Historia se preocupa de rescatar parte de ello, para bien o para mal. Y no sólo la Historia, también puede y debe hacerlo la memoria personal.

Pertenezco a la que es quizás la última generación que respetó a sus profesores y a sus propios padres, la que nació y creció sin televisión, celulares ni internet. Éramos parte activa de una sociedad algo más ilustrada que la actual, más solidaria, gregaria y reflexiva. Una generación que procuró enriquecer su arista humana sin detrimento de alcanzar mejores posiciones económicas (pero sin tener que recurrir –obligatoria ni principalmente-  trucos y corruptelas).

Los de esa generación crecieron y estudiaron en escuelas, colegios y universidades públicas. No había seguros médicos privados, jugaban en las calles, tenían más de dos meses de vacaciones, se enamoraban y se casaban  muy jóvenes,  y muchos aún continúan casados, ya son abuelos (y bisabuelos también).

A esa generación chilena que comienza a decir adiós le correspondió vivir la ‘guerra fría’ que, en más de una oportunidad, tuvo al mundo con ataque de pánico ante la amenaza de un conflicto nuclear de proporciones.

La carrera espacial

Pero, también vivió significativos avances científicos, técnicos y sociales durante la década de 1960, como fueron, por ejemplo, los trasplantes de corazón, la píldora anticonceptiva y la primera gran revolución del feminismo, el inolvidable ‘Mundial del 62’, la carrera espacial, el boom literario latinoamericano, la independencia de naciones africanas, el hipismo y Woodstock, la revolución musical con la Nueva Canción chilena (y los Beatles allende nuestras fronteras), la reforma universitaria, el mayo de París en 1968, la explosión del cine chileno, la reforma agraria, la ‘revolución en libertad’ de Frei Montalva, la revolución socialista de Salvador Allende, la dictadura militar pinochetista, etc., agregando a ello –en lo referente a política internacional- la revolución cubana, la crisis de los cohetes, la lucha de los afroamericanos por los derechos civiles, la guerra de Vietnam, la formación de la Comunidad Europea y su Mercado Común, la caída de los muros ideológicos, el fracaso del socialismo real, la llegada de la computación, la era satelital y digital, entre otros hechos que merecerían también una crónica aparte.

Algunos jóvenes de hoy se preguntarán cómo era el Chile de antes cuando el gasto social constituía una de las principales partidas del presupuesto de la nación. ¿Éramos más  solidarios, menos individualistas? ¿Cómo era tener sindicatos fuertes?, ¿cómo eran las escuelas públicas? ¿Cómo era la cultura y el acceso a ella?

Había respeto por la jerarquía sustentada no sólo en la autoridad per se,   sino en la sapiencia y en el esfuerzo emanado de la experiencia que otorgan los años. Hoy, todo ello no es sino “basura propia de la tercera edad”…como si aquellos que agreden verbal y políticamente a viejos y viejas tuviesen comprada la juventud eterna. Esos que así hablan están desafiados a llegar a los 70 años, pues en caso contrario tienen condena de muerte anticipada.

En esos años, la política poseía un cierto encanto, un ‘charme’ que hoy se encuentra no tan sólo ausente sino también lejano y fuera de lugar ante el volumen de hipocresía y búsqueda del dinero por sobre todas las cosas (incluso por sobre la propia conciencia).

Fue una época apropiada para crear maravillas en literatura, pues ahí están los ejemplos de ‘monstruos’ llamados Pablo Neruda, Pablo de Rokha, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Francisco Coloane, Oscar Castro, Manuel Rojas, José Donoso, María Luisa Bombal, Isabel Allende, Roberto Bolaño, que junto a artistas de envergadura planetaria como Mata, Violeta, Arrau, Dávalos –entre muchos otros que mi memoria ha olvidado- posicionaron a este pequeño y aislado país en la galería de los grandes del universo de las artes.

Violeta Parra, orgullo de Chile

En fin… los de antes ya estamos cerca de la despedida. Hemos entregado la posta o testimonio  a nuevas generaciones que deberán continuar corriendo este interminable maratón.

Toda nueva generación -se supone- es mejor que la anterior. La mía consolidó antiguas bases para que la de hoy siga construyendo sin olvidar esas raíces primigenias que nosotros respetamos y entregamos como heredad. Si los de hoy nos olvidan, el trabajo habrá sido entonces inútil,  y nuestro aporte, exasperantemente estéril.

Entonces, volviendo  a la pregunta con la que se inició esta nota, ¿una vez que esta generación -que ya se despide- abandone la vida física, a dónde va todo ese arcón de experiencias, avances, conocimientos, sufrimientos, fracasos y logros? Se supone que es recogido por las generaciones que siguen…y a ellas deseamos de corazón una larga vida…y sensatez para vivirla.

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