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Turismo

Creo que definitivamente me perdí Cuba, la revolucionaria

Miguel Díaz-Canel preside hoy el Consejo de Estado de Cuba y el Consejo de Ministros. Anuncia una nueva Constitución. ¿Será otra Cuba, o rumbeará hacia el modelo chino, o finalmente será atrapada por el sistema neoliberal? Vaya uno a saber

Puedo alegrarme por los cubanos, pero egoístamente me conduelo por mí. Parece que nada es como era; entonces, parafraseando a Neruda es dable asegurar “que nosotros, los de antes, ya no somos los mismos”. ¿Pensarán eso allá en La Habana, en Camagüey, Santiago, Siboney y Santa Clara?

Al tiempo que escribo estas líneas los parlantes de mi computadora dejan escapar los sones de esa melancólica canción ‘Yolanda’, compuesta por Pablo Milanés y cantada a dúo con Silvio Rodríguez. Nunca he estado en Cuba, y los acordes de esa melodía me transportan –imaginariamente por cierto- al malecón habanero cuando el sol cae sobre occidente y la sugerente necesidad de charlar señala el camino hacia la Bodeguita del Medio.

Mis amigos ‘doble ele’, Latorre y Latoja –escritores rancagüinos-, me lo habían sugerido hace doce años. “Tienes que visitar Cuba antes que Fidel se vaya; después será otra Cuba”. Presencié a tantos chilenos viajando a la isla con afanes de curiosidad más que de turismo, pero nunca pude contar con el dinero necesario para abordar un avión hacia el Caribe. ¡Si hasta derechistas recalcitrantes –borrando con el codo lo que habían escrito con sus manos- se dejaron caer por La Habana, Varadero y otros lugares isleños! Y yo fui incapaz de hacerlo. He ahí mi dolor.

Fidel no estará más discurseando en la Plaza de la Revolución frente a miles de cubanos agitando banderas. Es historia. Como historia son Camilo y el Ché. Lo triste –para mí- es que crecí junto a la Revolución en mis años adolescentes cuántas veces hablé en su defensa en decenas de foros universitarios durante mi agitada época de estudiante, alentado por el convencimiento de poder conocerla personalmente una vez que me titulase. Pero, Pinochet dijo y dispuso cosas diferentes.

Al igual que la Revolución, mi vida comienza a transitar sus últimos escarceos y senderos. Ya no hay tiempo ni voluntad, pues ahora es tarde. Creo que Cuba será pronto un país absorbido por el neoliberalismo y su pasado revolucionario servirá como acicate extra para el turismo. Puedo estar equivocado (y ojalá lo esté), pero eso es lo que pienso.

La Bodeguita del Medio

Tal vez, al igual que hizo acá en Colchagua un poderoso empresario al poner en movimiento el tren del vino, allá en La Habana otros darán nacimiento a un tren de la revolución para que el turista pueda recorrer los lugares por donde pasaron los hombres de Castro, Cienfuegos y Guevara rumbeando victoriosos hacia la capital. Historia pura. En las playas de Bahía Cochinos el convoy hará un alto para que los visitantes disfruten del paisaje y de la legendaria victoria anti imperialista. .

Si hubiese contado con capacidad económica para cumplir mi anhelo, de seguro me habría topado veinte o treinta años atrás con García Márquez, con Benedetti, con Saramago, o con Ricardo García Siena…ese querido amigo filipino que conocí en Brasil cuando ambos éramos estudiantes de postgrado en la Universidad de Sao Paulo, y que dijo me esperaría por esos lados. ¿Dónde? En la Bodeguita, por supuesto, o en el Floridita.

Si hubiese sido posible, habría tratado de conversar también con Reinaldo Arenas, Lezama Lima y Virgilio Piñera… ¿por qué no? Los escritores, poetas y músicos están por sobre el establishment, sea este capitalista, socialista o anarquista. El arte es superior a la política.

¿No es acaso Borges, que era hombre de derecha, uno de los más grandes de la escritura latinoamericana? ¿No ocurrió algo similar con el ruso Alexander Solyenitzin en épocas pasadas, a quien después el mismísimo Vladimir Putin –ex ‘capo’ de la KGB- entregó una condecoración oficial?

Algo similar ha sucedido con   ese escritor  chileno llamado Roberto Ampuero –hoy ministro de relaciones exteriores en el gobierno de Sebastián Piñera- quien abrazó juvenilmente a la revolución cubana, para después  renegar de ella o, al menos, cuestionarla severamente. ¿Cómo contestarle a Roberto Ampuero si yo jamás la conocí ni la experimenté ni la vivencié? Hoy día, incluso las obras y planteamientos de los escritores cubanos desencantados con ‘el proceso’ son simple anécdota. Me perdí todo aquello. Raúl no es igual a Fidel. Ni yo soy el mismo que aquel del año 1969. El agua bajo los puentes no pasa en vano y tampoco regresa.

Calles de La Habana

Con mi amigo filipino habíamos concordado visitar también la Universidad de La Habana en la calle San Lázaro, y el Centro Cultural ‘Alejo Carpentier’ ubicado muy cerca de la Plaza de la Catedral, en calle Empedrado. Al atardecer, asistiríamos al restaurante ‘La Divina Pastora’ para cenar después de presenciar el espectáculo del Cañonazo (a las 9 de la noche) en la fortaleza del Moro.

Yo fallé. Los caminos de la vida impusieron sus términos dejándome en la vera de la ruta prometida. ¡Cuánto me habría emocionado y satisfecho poder asistir a ese encuentro de amistad y conciencia! ¡Cuánto me habría gustado saborear la patria de Martí y sus encantos hispánicos, sus daiquiris y mojitos, sus canciones melancólicas y su historia de rebeldía que tanto influyó años ha en gran parte de la juventud latinoamericana!

Ya no hay tiempo. ¿Me habré perdido Cuba…la antigua Cuba, la revolucionaria? Creo que sí, aunque no estoy seguro de ello, pero, sin embargo,  de lo que tengo plena certeza es de aquella verdad imbatible que escribió Neruda: “nosotros, los de antes, ya no somos los mismos”.

Arturo Alejandro Muñoz

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