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Sociales

Casi Nada es lo que parece

La sociedad contemporánea pareciera ser un gran espejo formado por infinitos fragmentos de cristales que se reflejan y proyectan recíprocamente, los unos sobre los otros de forma continua, en una suerte de juego de ficciones, de máscaras sin fin, de múltiples proyecciones especulares que devienen, que cambian y que se modifican de continuo. La realidad se ha hecho aparente y lo aparente se ha hecho realidad. Todo parece estar atravesado, traspasado, por esta red de inmensas proporciones, plena de imágenes ilusorias, ficticias y, a la vez, recíprocas, en la que, no obstante, se fijan ciertas características, determinados atributos prototípicos, sobre personas o cosas que, en realidad, tienen y no tienen, dado que se trata de reflejos de reflejos, de inagotables imágenes de imágenes, sueños de interminables sueños. Se ha dicho, no sin frecuencia, que lo aparente alude a aquello que oculta tras de sí lo verdadero. Las apariencias engañan, afirma el sentido común, sin saber que, al afirmarlo, se engaña a sí mismo, dado que la misma afirmación transmuta la apariencia en verdad, es decir, en el signo de su propia inversión especular. José Rafael Herrera, 16 abril 2020

Hablar de que “nada es lo que parece” se asocia generalmente a ilusionismo, magia o a una película de misterio dirigida por Louis Leterrier y estrenada en el año 2013… pero no es de eso de lo que hablaremos hoy, sino de algo mucho más simple y que vivimos día a día y nos produce diversas sensaciones tanto positivas como negativas… a veces son conscientes y otras inconscientes, pero dejan una huella en nuestra mente.

Entremos en materia con algo que seguramente todos hemos visto y experimentado en más de una ocasión.

Les ha pasado que se inicia la temporada de Navidad y las grandes tiendas lanzan sus ofertas para atraer clientes? Hasta ahí, el hecho no pasa de ser algo cotidiano y a lo cual estamos acostumbrados… El problema es que el día que comienza la campaña, uno ingresa a la tienda y se encuentra con grandes paneles publicitarios que dicen: “Todo Navidad con 70% de descuento“. Y aquí comienza el problema. Es el primer día de la campaña, son las 9 de la mañana y la tienda acaba de abrir y ya está haciendo un 70% de descuento. No parece raro eso?. Uno, de inmediato, se pregunta: Cuál es la base para hacer ese descuento? Cómo podemos comprobar que efectivamente están haciendo esa rebaja? Cuál es el precio “normal” o de referencia de los productos que venden los supermercados o las tiendas? Uno pregunta a los dependientes y no tienen idea. Si somos personas racionales seguramente no nos dejaremos engañar y sabremos que es una de las tantas técnicas de comercialización o marketing que hacen creer al cliente que está frente a una verdadera ganga, en circunstancias que eso está muy lejos de ocurrir. Sin embargo, el comportamiento humano es frágil en muchísimas personas, y eso el empresario lo sabe perfectamente, y muchos “caerán en su trampa” y terminará vendiendo productos a un precio alto haciéndonos creer que él está haciendo un gran sacrificio por nosotros los compradores. Espero que se haya entendido hacia dónde va direccionado este artículo.

Siguiendo con las grandes tiendas y su marketing y comercialización, les daré otro claro ejemplo, que al menos en Chile sucede. Al principio me confundía, pero luego me di cuenta que la idea es una guerra entre tiendas por ganarse a los clientes con artimañas aparentemente aceptadas. Es sabido que antiguamente, todos esperábamos el fin de las temporadas para ir a comprar en las grandes tiendas pues había reales liquidaciones y los precios eran verdaderamente convenientes. Eso, por lo menos, sucedía en los Estados Unidos. En Chile también sucedía, pero a menor escala. Lo que sí sucedía era que bajaban el precio de algunos artículos y sacaban a la venta prendas de ropa que nunca estuvieron a la venta en el año y que fueron comprados para venderlos en esta ocasión, haciéndonos creer que había una gran rebaja de precios, y de una calidad muy diferente a la habitual… Pero eso no es todo. En promedio, de los 365 días del año, 300 días las grandes tiendas en Chile están “en liquidación” o “en oferta”, perdiéndose el sentido de la liquidación y haciéndose imposible saber cuál es el precio de los productos para un “período normal”. Entonces, no es de extrañar que muchas personas vayan muy seguido a comprar creyendo que están aprovechando una gran oferta, cuando en realidad es que están aprovechándose de nosotros los clientes. Les suena familiar esta situación?

En una línea similar, en el sentido que los empresarios quieren aprovecharse de quien les da de comer, o sea, de sus clientes, hay muchos casos en que nos hacen creer que todo sigue un curso normal con sus productos e, inicialmente, no nos damos cuenta pues el precio se mantiene en el tiempo, pero el truco es que el tamaño o el contenido de los productos los achican. Ejemplos de esto hay muchísimos y podemos destacar los siguientes. Comenzaré por el que primero me llamó la atención hace muchos años y es el del tamaño de los caramelos. En Chile tenemos una muy buena y antigua empresa fabricante de caramelos que producía caramelos que en promedio deberían medir unos 3 centímetros de largo por 1,5 centímetros de alto y de un día para otro, el tamaño bajó a unos 2 x 1 centímetros (valores aproximados), pero el precio se mantuvo… luego la competencia no podía quedarse atrás e hizo lo mismo. Quién ganó con ese cambio? Naturalmente el productor y perdió el cliente.

A los caramelos le siguieron los jabones. En Chile ya no se consigue un jabón de tamaño grande. Todos son minúsculos e inicialmente conservaron los precios, pero luego tomaron un ritmo de alza desmesurada, con la  consiguiente pérdida para el cliente y suculenta ganancia para el empresario.

La carne envasada es otro de los ejemplos. Ya no se vende carne envasada de 1 kilo. Todos los cortes son de 800 gramos haciéndonos creer que son un kilo pues conservan el tamaño del envase, no así del contenido. Claro que el precio es por kilo y cobran el proporcional, pero lo que se quiere destacar es que nuevamente nos tratan de engañar haciéndonos creer que estamos comprando el mismo producto que originalmente salió al mercado, en circunstancias que es uno más pequeño y, entonces, muchas veces estamos obligados a comprar 2 paquetes pues con uno no nos alcanza para el almuerzo familiar programado. Quién gana aquí? obviamente el empresario. Y quién pierde? nuevamente el cliente.

Otro ejemplo con el que debemos sentirnos engañados por los empresarios, es el pan. Para hacer fácil la comprensión de lo que les quiero relatar, nos centraremos en el caso de la marraqueta o pan francés o pan batido cuya masa es muy parecida al baguette. Muy popular en Chile. Hace unos años uno compraba un kilo de ese pan y sabía que recibiría 10 panes. Hoy, uno paga mucho más que el valor anterior y recibe, con suerte 8 panes. Algo hicieron con la masa que la hace más pesada. Quién gana en este caso? por supuesto que el panadero y, en ningún caso en cliente.

El caso de los restaurantes es otro tema a destacar. Cuando de niño salíamos con mis padres a almorzar o cenar, uno elegía el plato principal que deseaba saborear y ese plato venía acompañado de una entrada, una sopa y un postre. Todo eso por el valor del plato principal. Eso se mantuvo por muchísimos años hasta que súbitamente algunos restaurantes comenzaron a utilizar prácticas que iban en claro desmedro de los clientes y comenzaron a cobrar por cada plato separadamente. Por supuesto que el plato principal conservó su valor, pero ahora ganan cobrando por los otros 3 platos que antes estaban incluidos en el menú. Como eso no fue suficiente, ahora el cobro es por el ingrediente principal del plato principal (ejemplo: carne) y aparte debe pagarse el agregado (arroz) y también la ensalada… Nuevamente, quién gana aquí? Está claro, verdad, como también lo está quién pierde… y vaya que pierde pues hoy por hoy, el precio de ir a comer a un restaurant es prohibitivo respecto de algunos años atrás.

La sociedad, dividida entre productores y consumidores, se ha convertido en una batalla en que los primeros luchan por hacerse ricos en una semana, mientras que los segundos nos defendemos tratando de maximizar el uso de los cada vez más escasos recursos económicos. Así, el mundo empresarial nos bombardea con mensajes publicitarios e ilusiones superfluas haciéndonos creer que sólo con sus productos y servicios vamos a satisfacer nuestras necesidades y seremos todo lo felices que deseemos.

Vivimos en un mundo en que casi nada es lo que parece y se asemeja a las imágenes de ilusiones ópticas que existen por montones y que a diario nos encontramos o nos mandan por diversión. Algunos ejemplos se ven en las imágenes a continuación, como en la de la portada de este artículo. Todas son ilusiones ópticas que nos muestran algo, pero que en el fondo esconden otro significado.

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El área de la publicidad es una de las cosas que más nos afecta, pues pretende “vendernos” una realidad que no siempre es lo que nos muestra. Veamos un ejemplo. Queremos viajar y encontramos una publicidad muy seductora con una oferta por un valor que estimamos es conveniente, pero cuando leemos el detalle de lo que estamos comprando, nos encontramos con que los que nos mostraron en el texto y/o imagen publicitaria que vimos es el “desde” que no nos satisface completamente, o es el top que tiene un precio muchísimo más caro que el anunciado. Similar cosa sucede con el mercado inmobiliario donde su publicidad muestra la imagen de una casa o departamento top asociado a un precio muy “barato” y entonces chocamos con la frustración de una publicidad engañosa que termina con nuestro sueño de la casa propia.

Otro ejemplo es una gaseosa que asegura que si bebemos de ella, encontraremos la tan anhelada felicidad. Alguien ha experimentado esa situación y luego de beberla por fin es feliz? En mi caso, nunca ha sucedido, ni sucederá, pues la felicidad no se encuentra en las cosas que hacemos, tenemos o comemos. Ser feliz es una decisión, independiente de lo que nos rodea.

Con la comida pasa algo que es vergonzoso. Nos venden la idea que estamos comiendo algo muy natural porque está recién cosechado o hecho sólo con ingredientes naturales, pero resulta que esos ingredientes o el producto mismo, como en verdura o fruta, tiene un origen transgénico o está manipulado genéticamente. Entonces, después nos sorprendemos de sufrir enfermedades que antes no existían y que tienen un origen en nuestra alimentación.

El yogurt que hoy consumimos no tiene nada que ver con el que comprábamos hace años o que hacíamos en casa con los “pajaritos” que circulaban de casa en casa y sólo había que alimentarlos echándoles un poco de leche. Hoy es pura química. Yo le hecho leche a un yogurt actual y no pasa nada.

Nos han vendido la idea de que la leche que consumimos es la mejor que ha habido nunca… y es una mezcla de química que contiene una gran cantidad de preservantes y una mínima proporción de leche.

La miel, nada más sano que comer miel… pero qué es lo que muchos nos venden? Es miel adulterada principalmente con jugo o jarabe de caña o azúcar. Hay que tener la precaución de comprar miel certificada con algún organismo confiable.

El chocolate… este gran mercado es otra estafa. Un buen chocolate debería tener a lo menos un 70% de cacao, pero, por lo general, la gran mayoría tiene un 30% o menos. Muchos ni siquiera lo indican argumentando es que es una receta secreta y no usan cacao puro sino manteca de cacao, muy dañino para la salud.

Como pueden ver, los ejemplos son interminables. Ni hablemos de las imitaciones de objetos que son una estafa aparte. Y ni siquiera hemos mencionado los actos propios del ser humano que nos sorprenden cuando un hombre o una mujer no son 100% “naturales” encontrándonos con tamañas sorpresas cuando ya muchas veces es demasiado tarde para retroceder.

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor… y en este campo creo que verdaderamente es así. Tratemos de que lo que compremos o usemos o con quien nos relacionemos sean lo que parecen ser para no sufrir desilusiones.

Por: Juan Carlos Diez P.
Corresponsal de La Voz Internacional de New York en Chile

 

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