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Noticias Internacionales

A los nietos de los abuelos de los años 60

Festival de Woodstock, Nueva York, año 1969

Para que tú, joven chileno del siglo XXI, nunca los olvides ni los menosprecies

Por: Arturo Alejandro Muñoz

¿Qué edad tienes? ¿19, 22, 28, 30? ¿Cuál es tu ‘ruta’ de carrete un fin de semana? No me lo digas, ya lo sé. Sea cual sea, siempre terminas en una ‘disco’…y después en la calle, gritando, alardeando, peleando o vomitando o riéndote estruendosamente, hasta que el cansancio te lleve de regreso a tu hogar…o a un motel, si el cuerpo te lo permite.

Lo que haces no es nada nuevo ni menos aún ‘distinto’. Todos lo hicimos (cuando éramos jóvenes), aunque diferíamos en algunas cosas que me gustaría contarte. Espero no aburrirte, pues lo hago solamente para que respetes a tus abuelos y dejes de considerarlos ‘trastos viejos, inservibles y pasados de moda”, ya que todo lo que tú haces hoy día, ellos lo hicieron antes…y tal vez lo inventaron. Te invito a pasar y leer.

Primero que todo, es importante que sepas cuán vital, única y genial fue la década de los 60. Incomparable. En ella el hombre llegó a la luna, se inventó la internet, los trasplantes de órganos, los satélites comunicacionales, comienzos de la televisión satelital, la guerra fría, el muro de Berlín, la época hippie, la música y su giro perfecto con The Beatles, la maestría inigualable de Woodstock, la píldora anticonceptiva que permitió la verdadera liberación femenina, la guerra de Vietnam, el destape de la liberada moda femenina con la minifalda y los más atrevidos bikinis playeros, la revolución juvenil de mayo en París 1968, la revolución cubana, las guerras independentistas de las ex colonias africanas devenidas luego en repúblicas independientes, la lucha por los derechos civiles en EEUU, la “guerra de los seis días” entre Israel y los países árabes, la entronización del terrorismo islámico en Europa, la iglesia y los sacerdotes por el socialismo, la crisis de los cohetes en Cuba, los catastróficos terremotos de 1960, la música folclórica del Canto Nuevo, el auge del teatro, el boom literario latinoamericano, la Revolución en Libertad, la reforma universitaria, la reforma agraria, la naciente Unidad Popular, etc., etc. ¿Te parece poco para tan sólo una década?
Y eso que no mencioné el Mundial de Fútbol 1962, que marcó para siempre a toda una generación, ya que a partir de ese evento comenzó de verdad en Chile el desarrollo de la televisión.

En aquellos ardorosos y vertiginosos años vivieron tus abuelos. Eran jóvenes, audaces, solidarios, comprometidos, auténticos, latinoamericanistas, cultos, honestos y consecuentes. Quizás cambiaron años más tarde con el devenir de los tiempos cuando tanques y bayonetas impusieron sus términos, pero en esa época eran lo que te acabo de señalar. Tal vez olvidé señalarte que en aquellos años Chile contó también con la más absoluta y verdadera libertad de prensa –escrita y radial- que jamás había tenido (ni tuvo después) en su Historia patria.

Campeonato Mundial de Fútbol, Chile 1962

Hoy, querido joven, pareces enorgullecerte por el tipo de ‘carrete’ que acostumbras realizar algunos fines de semana. Perdóname si te digo que ello empalidece con la bohemia que tus abuelos frecuentaban en los 60. ¿Quieres un ejemplo? Bien, pues, pasa y lee por favor.

Sin cultura y sin arte, no hay bohemia. Eso es indiscutible. Ya, muy bien, pero, ¿cómo se divertían los jóvenes del Santiago de esos años de la década del sesenta? Sólo puedo responder la pregunta a través de mi experiencia personal, por lo tanto, afirmarse en los estribos amigo mío porque vamos a galopar. Aclaremos en primer lugar que el suscrito –en ese entonces- era un humilde estudiante universitario, hijo de madre profesora y de padre pequeño comerciante.

Pero, me las ingeniaba para contar siempre con algo de ‘efectivo’ para costear no sólo libros y copias a roneo (imprescindibles en la ‘U’ ya en esa época) sino, también, algunas salidas de madre, específicamente los fines de semana junto a mi grupo de pares del barrio donde estaba el inolvidable domicilio familiar (calle Argomedo, esquina de avenida Vicuña Mackenna, en Santiago centro, a dos cuadras de avenida Diez de Julio y/o de avenida Irarrázaval). Sí, ya lo sé… también a 150 metros de la pecaminosa calle San Camilo… cuando esta era en realidad ‘pecaminosa’, pues hoy se ha convertido, como ocurre con todo en Chile, en un sector de edificios de altura y departamentos de 50 metros cuadrados.

Bohemia de los años 60 en Santiago de Chile

En esos años también era un buen barrio, sin duda alguna. Allí comenzaba la acción al atardecer de un día sábado. La ‘juntata’ se efectuaba impajaritablemente en mi casa (Argomedo Nº50, hoy, domicilio de Greenpeace). Café, cigarrillos, anécdotas, recuento de lo hecho en la semana, bromas (pesadas y de las otras) y… a la calle. Primer paradero, el restaurante “Munich”, en Vicuña Mackenna esquina de Santa Isabel, donde doña María Carreño, la ‘Mamma” de todos nosotros. Todo un rito. Lomitos completos (los mejores del ‘mundo mundial’) con palta, tomate y mayo, una ‘garza’ de espumante cerveza, bajar la cabeza y aceptar las reconvenciones de doña María (que tanto nos quiso, que tanto hemos querido siempre, y después, caída ya la noche… a la aventura, entonces.

23:00 horas; Bim-Bam-Bum o ‘Picaresque’ (dependía del monto de dinero disponible, por cierto). Allí nos esperaban Guillermo Bruce, Daniel Viilches, la Pitica Ubilla, Paco Mairena (inigualable artista de la coreografía), Beatriz Alegret, Fresia Soto, Elisa Montes, Los Caporales, y uno que otro artista argentino o argentina de campanillas. Nuestro interés estaba siempre centrado en los “cuerpos de baile”, unas chicas espléndidamente emplumadas y a medio vestir que dejaban semi incendiadas nuestras libidos.

01:00 de la madrugada; la cita en era en el inicio de la avenida Diez de Julio, en Boite “La Sirena”, donde nos esperaba, también impajaritablemente, el mismísimo ‘padrino’ Aravena (por solicitud del hijo de doña María Carreño, Nibaldo, asiduo perenne a esa boite y gran amigo del ‘padrino’ en cuestión, amén de ser parte activa y principal de nuestro grupo ‘universitario’). Para nosotros –que éramos algo así como “los chicos del barrio”- hubo siempre dos mesas dispuestas en primera fila, pisco ‘Huallilén’ con cuatro bebidas ‘blancas’, maní salado y papitas fritas. Pagábamos, por supuesto (nada era gratis). Brenda y los Harmonics, nuestro compadre y sociate Marco Aurelio, la bella Bambi, y el inolvidable futbolista argentino ‘Mandrake’, así se le conocía al colocolino Walter Jiménez, quien junto al inigualable Humberto ‘Chita’ Cruz, formaba parte del escenario de algunos fines de semana santiaguino en esa querida boite.

¿Me estoy yendo de lengua? No… han pasado muchas décadas y para ustedes todo esto es simple anécdota… para mi es nostalgia y emoción. Mi primo Elías enamoró –me acuerdo como si hubiese ocurrido ayer- a la bella seudo cantante brasileña “La Pantera”… y una noche de sábado, desapareció del grupo. Después supimos que él y la cantante siguieron la juerga en otros lugares cercanos, como “Las Cachás Grandes” y el “Tequila”, para terminar durmiendo en el famoso Hotel ‘Valdivia” (¿quién pagó?, eso no importa). A callar, hermano,… a callar.
02:30 de la madrugada: adiós al “Sirena”, Bienvenido “Zepellin”, en calle Bandera casi al llegar a Mapocho. Barrio bravo. Tanto o más ‘peludo’ que el nuestro, el de Diez de Julio. “Llegaron los chiquillos del Pedagógico de la ‘U’”… era el habitual grito de ’Marito’, encargado de la puerta que avisaba informando la ‘calidad’ de los recién llegados. En el ‘Zepellin’ había un viejo piano, trasto casi inservible desde la perspectiva musical académica, pero muy útil a para los juerguistas de las madrugadas dominicales como nosotros. Tonko Tomicic (tío de la hoy afamada modelo y presentadora de televisión Tonka Tomicic), miembro emérito de nuestro lote juvenil e irresponsable de solteros sin compromisos, puñeteaba las teclas blancas y negras animándonos a engalanar la jarana con canciones de la época. Más pisco, más maní salado, más papas fritas… más pisco…

04:30 de la madrugada; todos, sin excepción (nosotros, los de la Avenida Vicuña Mackenna, y cualquiera de los otros), acudíamos ipso facto al restaurante < Il Bosco>, en la Alameda. Periodistas, escritores (famosos y decepcionados), artistas (buenos, mediocres y fracasados), deportistas (de todo tipo) y pelafustanes como quien escribe estas líneas, se reunían en ese sitio poco antes que el sol despuntara sobre los Andes. Allí se concentraba cada madrugada de domingo la poesía cantada por Serrat en su “Gloria a Dios en las alturas” ….increíble, pero cierto.

Julito Martínez, Tito Mundt (ambos ya fallecidos), Pepe Henríquez (Radio del Pacífico), guatón Ravani, Fernando Alarcón, Pepe Moscoso (QEPD), Pedrito Lemebel, Glorita Jiménez (QEPD), Alfredo Lamadrid, Elías Pizarro, Marco Aurelio, Buddy Richard, Karl Martin, ‘Pollo’ Fuentes, Pitica Ubilla, Mónica Val, Silvia Piñeiro, Jorge Gallardo, Bambi, Sussy Vecky, Eugenio Lira Massi, Daniel Galleguillos, Raúl Prado, Augusto ‘Perro’ Olivares, Óscar ‘Chuflinga’ Valdés (mi muy ‘porteño’ periodista hermanito del alma), Osvaldo Ramírez, y los fantasmagóricos Dago y Paulo (pertenecientes al desaparecido y olvidado GAP que le cuidaban las espal0fas al Presidente Allende). ¡Cómo no recordarlos si los mantengo a todos en mi mente y en mi corazón de hombre viejo!

Noches de alegría en el Bim Bam Bum.década de 1960

Después de una enjundiosa noche de jarana, regresábamos a nuestros hogares cuando el sol despuntaba, y soy muy honesto al decir que en nuestras casas, al llegar en las madrugadas luego de la juerga nocturna, dejábamos caer los cuerpos bajo la ducha, afeitábamos la barba, freíamos un par de huevos en la paila de nuestra cocina y los devorábamos acompañados de un tazón de café caliente para que luego, de inmediato casi, y cuando los relojes marcaban las nueve de la mañana, volviésemos a juntarnos en la esquina de Vicuña Mackenna con calle Almirante Riveros para tomar una micro que nos llevase a la calle Nataniel Cox a objeto de presenciar una nueva fecha del Campeonato Nacional De Basquetbol, donde brillaban con luces propias los equipos de Unión Española, Universidad Católica, Colo-Colo y el temible Bata, de Peñaflor.

Regresábamos a casa a la hora más temprana posible del almuerzo para tragar un plato a las apuradas, a objeto de estar, de nuevo, en la esquina de siempre, listos y dispuestos con el mejor de los ánimos que nos permitiese abordar una micro que nos condujera al Estadio Nacional para estar presentes en una nueva jornada del fútbol profesional chileno: Colo.Colo, la ‘U’, Uniòn Española, Católica, Wanderers, Everton, nuestros equipos del alma.

A las seis de la tarde de ese domingo, cansados, somnolientos y semi aturdidos, volvíamos al hogar para dejarnos caer en una cama, reposar y dormir hasta la madrugada del lunes, listos y frescos, –sonrientes y activos- dispuestos a iniciar una nueva semana de estudios y trabajo, aunque con la mente aún puesta en lo que podría depararnos el próximo fin de semana.
Ese era el Santiago de Chile, libre y democrático, que se fue “a las pailas” un día once de septiembre en el año 1973. Hoy ya no hay bohemia, sólo hay ’carrete’. Juzga tú qué es peor… o mejor.

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